sábado, 23 de febrero de 2013

PARTE 87.A CUALQUIER OTRA PARTE.



... Anna sabía perfectamente quién era yo. Ella había sido la responsable de terminar mi reacción con L, y ella sabía que yo vivía en Londres, y que L también. Por lo que durante la semana que pasé en NY se convirtió en un infierno gracias a ella.

La gente parecía adorarla, era alta, esbelta y muy guapa. Se movía por todos lados como si todo el mundo la conociera y a ella le encantaba.

Cuando ella me vio, se acercó para saludarme, pero antes se paró delante de T, me miró y le dio dos besos. Cuando se acercó a mi, me aparté, le di la espalda y me fui.

Cuando salí fuera del campus, me senté en un banco. Y esperé a que se me ocurriera algo para hacer.

Pero un amigo de T que se llamaba Philip  salió fuera y se sentó a mi lado. Sacó una caja plateada del bolsillo y me ofreció un cigarrillo. Lo acepté y me quedé en silencio. Sin saber que decir. 

Estaba sumida en mis pensamientos, hasta que Phillip me dijo:

-Te entiendo, ¿sabes? Se quien eres, soy amigo de L, vivo aquí desde que nací y se que Anna no es una chica legal. Antes de intentarlo con L lo intentó conmigo, pero al final se fue con el mejor amigo de L.  Y debes saber una cosa: creo que entre ella y L no pasó nada. Él no se acuerda de nada, y ella dice lo que quiere decir, lo que le viene bien. T es un buen chico, pero L también, y le juzgaste por lo que ella te dijo, no le dejaste ningún tipo de defensa. No le escuchaste. El te quiso como nunca quiso a nadie. Habría dado la vida por ti. Y tu le abandonaste, le dejaste sin motivo.

-L me mintió, aunque no hubiera pasado nada, L me mintió. Me escondió todo lo que pasaba en sus viajes a NY. Me quería, lo se.

-¿ Y tu le querías?

-Pues claro que le quería, pero me destrozó. Hizo que me replanteara todo, y T siempre estuvo ahí a pesar de todo lo mal que me porté con él.

Los dos nos quedamos en silencio, y entonces me di cuenta de que necesitaba un tiempo para pensar, y para estar sola. Así que me levanté y empecé a caminar.

Phillip se quedó sentado, y me preguntó:

- ¿A dónde vas?

Me quedé mirando para él. Hasta que por fin contesté.

-A cualquier otra parte.

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