lunes, 23 de septiembre de 2013
PARTE 132.ESCONDIDA
... Han pasado dos meses. Dos meses desde que me fui. Desde que desaparecí. Desde que ya no estoy ante los ojos de nadie a parte de mis compañeros de trabajo y mi familia. He adelgazado mucho, por lo que ahora parezco una chica debilucha de 22 años que está sola. Mi nuevo piso esta en Brooklyn. Pero lejos de todos. Nadie sabe donde vivo ahora.
Y cuando digo a nadie me refiero a T, L y sus amigos.
L me ha olvidado definitivamente. Su excusa era mantenerme lejos para que no sufriera. Yo tenía la esperanza de que cuando volviera a NY vendría a por mi. Tenía la esperanza de que volveríamos juntos. Pero no ha sido así. Se que él está aquí, en NY. Le he visto en los periódicos locales.
No he visto a T desde aquel día en la azotea. Aquel día en el que me enteré que L estaba con otra.
Pero vayamos por partes. Abro el diario que he estado escribiendo estos meses. Leo la página que escribí el día que estuve con T en la azotea, un texto que había leído en un blog. Lo había escrito ese día . El día que nos despedimos. El día que discutimos y nos echamos respectivamente de nuestras vidas. El texto decía:
"Así mismo es la vida después de una despedida. No sabría explicarme, pero sé que tengo razón. Y pasarán los meses, otoño vestirá de marrón los parques, y la lluvia caerá sobre todas esas veces que nunca lo intentamos; borrará los caminos por donde pasamos, los atajos que cogía para llegar a tu casa antes de que empezase a echarte demasiado en falta. Pasará el tiempo y todo lo demás. Olvidar no sé si olvidaremos, lo único que sé es que, en algún momento, podremos empezar a recordar a alguien como si tú y yo nunca hubiésemos sido nosotros. Será como hacer una mudanza en la que, en lugar de muebles, nos mudamos el uno al otro de nuestras mentes. Y ya no nos doleremos. Ya no"
Así que en lo que a T se refiere no" nos dolemos". Ya no me duele pensar en él. Nos dimos un beso. Un beso buscado por él. Yo no podía. Simplemente no podía. Solo podía pensar en L en ese momento. Así que la discusión que tuvimos fue algo apoteósico.
Pero ahora ya da igual, han pasado dos meses, y ya no me duele pensar en ello.
Me asomo a la ventana y veo pasar a la gente por la calle. "Es hora de ser persona de nuevo", pienso. Entonces me doy la vuelta, me visto y salgo a la calle.
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