... Monté en la moto de T. Me abracé fuerte a él y me dijo:
-Va a ser un viaje un poco largo. Agárrate fuerte. En tres horas o así llegaremos.
Un rato más tarde, T paró la moto, pero al quitarme el casco vi que estábamos en una área de descanso.
-¿Por qué paramos? ¿Ya hemos llegado?
-Quedan 15 minutos. Quiero que te pongas esto.
Y T me pasó una cinta negra, me puso el casco, y me ayudó a subirme a la moto.
Quince minutos después, noté como el suelo por el que la moto corría cambiaba. Ibamos por un camino pedregoso.
T paró la moto y ayudó a que me bajara. Me quedé de pie. Sin saber dónde estaba y qué sorpresa me esperaba.
-No te muevas, quédate aquí de pie un minuto.
T me movió y me quitó la venda y me dijo:
-Ya está. Puedes darte la vuelta. -Y me abrazó por la espalda.
Mi sorpresa fue enorme. Al llegar a París le había dicho a T que no quería dejar Francia sin conocer lo que tenía ante mis ojos y él me había prometido que me llevaría algún día.
-Está atardeciendo, hemos llegado a tiempo. Te prometí que te traería aquí.
-Mont Saint-Michel- respondí.
Me di la vuelta y le besé.
-Muchas gracias T, no sabes cuanta ilusión me hacía esto.
-Haría cualquier cosa por ti M.-Dijo T.
Y nos sentamos a ver como atardecía en un lugar tan mágico como ese....

No hay comentarios:
Publicar un comentario