...En el taxi de camino a casa de L, pude notar su nerviosismo. NY era su ciudad, su ambiente, y siempre estaba seguro allí. Pero ahora todo era diferente. L veía NY como un enemigo. La última vez que había estado allí había pasado los peores momentos de su vida. Y yo había sido su ángel.
Cuando entramos en su piso, pude comprobar la vida que L llevaba en NY: fiestas caras, chicas y limusinas. Estaba todo desordenado, lleno de telas blancas tapando montones de libros y muebles. Me enseñó su cuarto. En el que solo había una cama y un armario.
-Está todo desordenado, hace mucho tiempo que no vengo. Recogeré todo un poco, mientras tu bajas a hacer la compra. Bueno. Mejor, espera, que más da. ¿Me acompañas a ver a mi familia?- Me preguntó.
....Me quede helada, nunca se me habían dado bien los padres, y aunque había conocido a los de L de vista. Tenía que aclimatarme primero un poco a la ciudad.
Cuando me di cuenta de que todas esas emociones se veían reflejadas en mi cara, vi como L se había percatado de todo. De todo lo que sentía. Entonces yo entendí porqué estaba ahí, con el. Así que me recompuse rápidamente, y le pregunté de broma:
-Es que no tengo ropa de etiqueta.
L se rió, se acercó a mi y me dijo riendo:
-Reservate el traje de princesa para otro momento.
Me besó, y entonces supe que a su lado nunca pasaría nada malo, ni nada me iría mal.
....
De camino a casa de los padres de L pensé en todo el último año, todas las cosas que me habían pasado. Y me di cuenta de en realidad todo me había ayudado a crecer y madurar.
recordé una frase que la protagonista de mi serie favorita había dicho:
Así que eso es lo que hice, me aferré al ahora, al presente, agarré la mano de L y comprendí que podía contar con él, confiar en el. Porque sabía que no me iba a hacer daño, sino que, al contrario, cuidaría de mi, y me enseñaría a volver a empezar...
No hay comentarios:
Publicar un comentario