Estaba muy cansada por todas las emociones que había sentido ese día. Era viernes por la tarde y no sabía que iba hacer durante todo el fin de semana. Decidí que tenía que darle gracias a L por la caja. Así que fui al único sitio donde sabía que podía estar. Su piso de soltero.
No me había cambiado de ropa, seguía con la de L puesta, y la verdad que no tenía muy buena pinta.
Entré en el portal, ya que la puerta estaba abierta. Subí las escaleras como un fantasma. Y llamé al timbre.
Esperé unos segundos. Hasta que L abrió la puerta...


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