... Había pasado unas semanas en el hospital, encerrada en aquel oscuro y pequeño cuarto. Ansiaba libertad, caminar, saltar, reír, vivir...
Le había dicho a mis padres que se fueran a casa, yo podía defenderme sola. Las costillas estaban sanando perfectamente, y yo me encontraba mejor que nunca.
La puerta automática del hospital se abrió, y pise la calle por primera vez en 3 semanas. Fue entonces cuando lo noté, el sol en mi cara. Cerré los ojos, levanté la cara y allí me quedé. Inmóvil, sentí cómo en ese momento nada me importaba. J, T, irme de París...
J no había dado señales de vida desde aquella última despedida antes de irme a París, ya no pensaba en él y las heridas que él había creado dentro de mí se estaban curando.
Respecto a T, la última vez que le había visto había sido esa noche en la que vino a verme al hospital. Ese recuerdo me mataba por dentro. Su recuerdo me hacía débil.
Respecto a París, me daba mucha pena, había conseguido una casa preciosa, y como todavía era Julio, y ya conocía la ciudad, volvería en Septiembre para empezar el curso, eso era seguro.
Unos minutos después abrí los ojos, decidí que era el momento de decidir mi próximo destino. Estaba llamando a un taxi, cuando vi su coche. El volkswagen polo azul marino en el que yo había montado tantas veces. J se apoyó en el coche y me miró.
Me acerqué a él. Y me quedé parada delante suyo. En silencio. Sin decir nada...

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