En ese mismo momento, decidí que ya era hora de volver a casa. Y al llegar, vi el absoluto desorden en el que vivía, por lo que me puse a ordenar toda la casa. Encontré mil cosas que creía perdidas, y en la parte alta de un armario, descubrí una cajita, llena de recuerdos.
Me senté en el suelo y abrí la tapa. Cogí una de las libretas que contenía y la abrí. Allí estaba escrita esa frase de William Ernest Henley que tanto me gustaba: "Soy el amo de mi destino, el capitán de mi alma".
Esa frase era el soporte al que debía apoyarme en ese momento de mi vida. No iba a hundirme por dos antiguos "amores" de niñita adolescente. Ya había crecido lo suficiente como para poder seguir adelante. Me levanté para dejar la caja encima de una mesa, pero al apoyarla, la caja se inclinó, y todo el contenido que había dentro cayó al suelo. Cuando me puse a recoger las libretas del suelo, vi la pequeña broma que me brindaba el destino.
En el suelo había una foto, en la que salíamos T y yo en nuestra playa, y pegado con celo a la foto, había un pequeño ramito de lavandas...

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