... Nunca habría imaginado mi vida así. Yo, la chica anti romántica por excelencia me había convertido en la envidia de la ciudad. Todas las chicas de 17 años nos miraban como si fuéramos reyes. T y yo no discutíamos, y yo estaba segura de nosotros. Pero me equivocaba.
-Seremos eternos. - me había dicho T la noche que vino a dormir a casa después de ver a J.
-Seremos eternos. - Había repetido yo.
Y con esas palabras empezó el fin.
No se en qué momento. Pero puedo deciros que los celos son un volcán que vive dentro de cada uno, y que entra en erupción sin avisar.
T y yo estábamos en el cielo. Y en cuestión de horas, J se salió con la suya. Consiguió que T y yo bajáramos al infierno...

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