miércoles, 11 de abril de 2012

PARTE 37.TAILANDIA

... La pérdida, la desdicha, el dolor, la muerte. Despertarse y no saber donde está. Pensar que se puede haber ido para no volver... Mi cabeza sólo pensaba en T. Sus amigos me habían dicho que había pasado algo, y como la comunicación solamente era posible por carta, no había tenido más noticias.

T y sus amigos sempre elegían un destino, cogían sus tablas de surf y desaparecían una temporada. Lo utilizaban de terapia. Cada vez que a alguno de ellos le pasaba algo. Esta vez, la terapia era para T. Todo estaba pasando por mi culpa.

Estaba tan sumida en mis pensamientos que, cuando sonó el timbre de mi ático, fue L el que se acercó a la puerta a recoger un paquete que había llegado a mi casa.

El paquete estaba a mi nombre. Y no había remitente. Pero yo sabía perfectamente de quién era.

Al abrirlo, reconocí su letra en los sobres. Esa letra desordenada, que tan complicada era para copiar en el colegio. A simple vista parecían 40 sobres más o menos, pero en realidad eran 29, uno por cada día del mes.

Faltaban dos, las de los días 30 y 31. Había una nota escrita por uno de sus amigos. T había tenido un accidente haciendo surf en Krui, Tailandia, en día 30 por la mañana. Estaba grave, y por esa razón en el paquete había un billete de avión. Su amigo me invitaba a ir. T se había despertado, y solamente preguntaba por mi. Cogí uno de los sobres y lo abrí. Dentro había una carta, con una foto y un poco de lavanda

Me embargó en ese momento un sentimiento de pena, y de dolor. De pérdida y angustia. L me preguntó qué era lo que estaba pasando. Y en ese momento las cartas de T se me cayeron al suelo, y me puse a llorar.

L se levantó de la silla en la que estaba sentado, recogió una de las cartas y la abrió. Miró la firma y empezó a unir hilos. Se dió la vuelta, me miró a la cara. Me quitó las lágrimas y me dijo:

-No te preocupes por nada. Te acompañaré a cualquier parte del mundo. No te dejaré sola. El vuelo sale en dos horas. Vete a hacer la maleta, yo lo prepararé todo.

Y sin más se fue por la puerta de mi ático a su piso, a recoger sus cosas y a sacar su billete. Yo metí las cartas en el bolso, iba a ser un viaje muy largo. Y necesitaría cerca a L...

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