jueves, 6 de junio de 2013

PARTE 124.ELECTRICIDAD



... Había pasado una semana desde la llegada de L, y le notaba un poco distante. Solíamos pasar todo el día estudiando, nos quedaban 3 exámenes. Y seríamos libres. Libre para desconectar, dejar lejos Londres y viajar. Yo estaba trabajando en una pequeña empresa, en la parte de imagen, y eso me quitaba muchísimo tiempo para estudiar y para L. Pero aún así me permitía conseguir un poco de dinero para pagarme el viaje de verano.

Estábamos sentados en nuestro restaurante marroquí favorito comiendo cuscús con las manos, tal como T me había enseñado mucho tiempo atrás, después de un viaje que había hecho a Marruecos.

Estábamos hablando de todo, pero L estaba callado, mirándome a los labios mientras yo hablaba. Algo pasaba, pero no sabía el que. Ni siquiera lo intuía. Yo estaba contando algo gracioso pero el solo podía mirarme a los labios

Entonces L dijo:

-¿Recuerdas una tarde lluvia que pasamos juntos?

-No- Respondí.

-Fue antes de que me dieras tu primer beso. Estábamos tomando un cafe en la Rue Rivoli, cerca de casa. Habíamos coincidido en la panadería, y te invité a merendar, mas bien a hacer merienda cena. Me acuerdo que fue la primera vez que te vi sonreír. Tenías una de esas sonrisas que se ven pocas veces a lo largo de la vida, una o dos veces a lo sumo- L se quedó callado y clavó sus ojos en mi. L prosiguió: -Era una tarde lluviosa ¿eh?

-Si, ahora recuerdo, de tormenta. Estaba asustada. Estaba en casa asustada, no tenía a nadie en París a quien llamar.  Tenía miedo. Cuando después volvimos a casa, entré en la mía y al encender una lámpara me dio un calambre. - Me reí recordando esa escena.- Tu, como buen caballero, corriste a mi auxilio y te sentaste conmigo en el sofá hasta que la tormenta pasó, para que el miedo se fuera lejos de mi.

-Ni siquiera te quejaste, fuiste muy valiente.

-No, en ese momento te temía más a ti que a la electricidad. Eras el hombre solitario recién llegado desde sabe Dios que confín del mundo, que había venido para acompañarme en las tormentas.

L sonrió y volvió a ser de repente el mismo. Mis miedos se esfumaron.

-Salgamos de aquí,- me dijo.

L pagó la cuenta y volvimos a casa dando un largo paseo. Me abrazó fuerte y me besó la frente.

-Tengo algo que contarte.

Y entonces, un rayo cruzó el cielo, y comenzó a llover...

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