miércoles, 12 de junio de 2013

PARTE 128.LO HABÍA LEÍDO



... Volvía a casa de la facultad, el examen me había salido muy muy bien. Pero no, no estaba contenta precisamente.

Me dirigí al banco para ver el estado de mi cuenta. Tenía que ver si me habían ingresado el sueldo. Cual fue mi asombro cuando descubrí cinco mil euros de más en mi cuenta.

-¿Qué es esto? - Le pregunté al oficinista de mi banco.

-Fue una transferencia bancaria ayer por la noche por teléfono.

L pensé. ¿Pero que se creía que era yo? Terminé de hacer todos los recados y me fui muy cabreada a su casa. Encendí el ordenador, y reservé un vuelo para irme a casa, a ver a mi familia. También saqué un billete de avión a NY para dentro de quince días.

Subí las escaleras, abrí las dos maletas que tenía en casa y metí todas mis cosas. Me llevé algunas de L, como su gabardina, y unos vaqueros de Levis desgastados.

Marqué el numéro de Danielle, tenía un amigo que trabajaba en una empresa de envíos de paquetes. A la media hora de colgar, se presentaron Danielle y un amigo, empaquetaron todas mis cosas, las metieron en cajas de cartón, y se fueron.

Mis diarios seguían en la estantería. No los quería mover de allí, pero los cogí todos, y los metí en la maleta.

Resultado: dos maletas, cuatro bolsas y un corazón roto.

Recorrí la casa mirando a ver si me dejaba algo. En su mesita de noche, había un cajón medio abierto. Cuando lo abrí, me quedé fría al ver que era uno de mis diarios. ¡L los había leído! Tenía un marcador puesto en la hoja en la que yo hablaba de la enfermedad de un familiar. La cosa fue que mi tío enfermó y mi familia no pudo pagar los costes de un caro tratamiento en EEUU. La enfermedad se lo llevó muy pronto. Había sido el peor mal trago de mi vida.

Al reeler la página del diario, lo entendí todo. "No podría volver a pasar por eso en mi vida. No podría si quiera ayudar y apoyar a mi mejor amigo. No podría ver como la vida de alguien se escapa de las manos y no poder hacer nada. Antes me moriría"

... L lo había leído. Se había dado cuenta de todo por lo que yo había pasado. Se había dado cuenta de que me haría mucho daño el irme con él. Pero no era sí. Había escrito esa página del diario un año antes de irme a París: Había pasado mucho tiempo desde entonces, y yo había madurado mucho.

L me había hechado de su vida para protegerme, porque me quería, marqué su número. Pero colgó el teléfono.

Me ceñí al plan. Me iría a España, a casa, ya tendría tiempo para pensar qué hacer...


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