jueves, 13 de junio de 2013

PARTE 129.ESCALERAS




...Quince días más tarde, estaba en NY de Nuevo. Había alquilado un apartamento, más pequeño que el de Paris. Estaba cerca de casa de L y no muy lejos de la de T. Mi casa estaba justo en medio de ambas. Tenia muy buen olfato para estas cosas...

Esta vez me bajé del vuelo, y no tenía nadie a quien llamar. Ni quería ver a T aún. Necesitaba tiempo.

Había pensado en L durante todo el viaje. No sabía que hacer, quedaban 4 meses para que empezara a trabajar, pero quería ir pasar ese tiempo en NY. Mandé al taxista a la dirección que había apuntado en mi libreta de direcciones. Y llamé por teléfono a la chica que me alquilaba la casa.

Cuando me bajé del taxi, ella estaba allí esperándome. Me dijo unas cuantas cosas sobre la casa, y me dio las llaves.

Subí las escaleras, el loft estaba en el último piso, un cuarto. No tenía ascensor, pero por ese precio, no podía quejarme.

Al abrir la puerta me quedé maravillada, la luz del día inundaba todo el loft. Era pequeño, muy pequeño, pero una vez limpio y decorado, sería perfecto para mi.

Tenía un cuarto principal, con un baño (con bañera!!) y una pequeña cocina. El salón tenía una gran ventana, muy cerca de ella, unas pequeñas escaleras que daban a una altura donde estaba la cama.

El alquiler era más bajo que el de Londres, así que estaba muy contenta.

Dejé las maletas, y salí a comprar algunos muebles. Cambié en mi móvil la tarjeta para poder utilizarla en NY.

Compré un perchero para la ropa, encargué una cama grande, una gran estantería y algunos accesorios de cocina.

Cuando llegué a casa, subí todo lo que pude, pero no era lo suficientemente fuerte para subir la cama, ya que dos trabajadores de la tienda me la habían dejado en el portal.

Necesitaba a alguien que me ayudara con las cosas, pero la única persona que conocía en NY a parte de la familia y amigos de L, era a T. Pero no quería llamarle aún. Tenía unas ganas enormes de verlo, pero tenía miedo a contarle todo lo que había pasado.

Así que subí las escaleras y terminé de subir todo, menos la cama.

Llevaba puesto unos vaqueros muy apretados que me sentaban muy bien, una camiseta corta, que dejaba al aire mi ombligo, y unos playeros que L me había regalado.

Cuando intenté coger el colchón, pude subirlo hasta el sexto escalón, pero no pude más, lo encajé en la escalera de manera que pudiera dejarlo un momento ahí. Fue entonces cuando escuché a alguien decir mi nombre desde la puerta, T estaba allí. Del susto, tiré del colchón, que rodó escaleras abajo conmigo, y todo se volvió negro...






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