... Salimos del restaurante y nos pusimos a caminar. Ninguno de los dos dijimos nada. Yo esperaba a que L hablara.
-Cojamos un taxi, - dije. - Está lloviendo mucho.
-No, -dijo,- tengo que enseñarte algo.
Los dos seguimos en silencio, L se quitó su gabardina y me tapó con ella. Estaba calada hasta los huesos. Y tenía miedo, mucho miedo, al no saber que me esperaba al final del camino.
Caminamos durante 15 minutos, hasta que llegamos al bar al que L y yo siempre íbamos.
-L. ¿Qué está pasando?
-Necesito que nos sentemos, tomemos una copa.
-Pero que está pasando, es lo único que quiero saber. L. Dime que pasa.
L se levantó a la barra, habló con Joe, el camarero, y éste le dio una carpeta negra.
La abrí, y estaba llena de papeles de hospital.
Me asusté, y le miré con cara de horror. A L se le llenaron los ojos de lágrimas.
-M, me tengo que ir un tiempo, a Massachusetts, con mis padres. Se trata de mi madre, está mala, muy mala, y me necesitan allí.
-Oh L! Te acompañaré, terminaremos pasado mañana nuestro último examen. Iré contigo. Estaré a tu lado. -Comencé a llorar del agobio que se apoderó de mi cuerpo. -Vamos a casa.
-No M. Voy a ir solo a EEUU...
No hay comentarios:
Publicar un comentario