... Me puse a llorar. Sentia un desconsuelo inmenso, y no tenía a nadie en París que pudiera ayudarme, que pudiera consolarme o decirme qué hacer.
Me metí en la cama, e intenté dormir, pero mi cuerpo lloraba. Mi corazón, mi cabeza, mi alma.... me sentía rota. No podía dormir, así que salí a la terraza de mi ático, a fumar un cigarrillo y así poder pensar mejor mientras el aire parisino purificaba mis pensamientos.
Cuando el despertador sonó a las 9, yo seguía despierta, pero había decidido que no iba a ir a la universidad. Le mandé un mensaje a una compañera de clase, me quité las lágrimas, me puse una camiseta de rayas, unos pantalones pitillo vaqueros y salí de casa a hacer la compra y dar un paseo. Yo estaba agotada, después de no haber dormido nada y haber llorado toda la noche, pero las reservas de la nevera estaban a cero, y necesitaba comer algo. Así que al salir de la puerta me tropecé con L, no sé cuanto tiempo llevaría allí, pero yo no mostré ningún atisbo de alegría.
Le miré y me dijo:
-M, yo... lo siento tanto, déjame explicarte, no quería que te enteraras así, perdóname, no valgo nada. ¿Cómo pude hacerte esto?
Intenté no decir nada, y seguir bajando las escaleras, pero él me tapaba el paso.
-M...-dijo.
Le miré a los ojos, y él continuó.
-Tienes cara de cansada, baja a mi casa o entremos en la tuya, tienes los ojos llenos de lágrimas... pero no me gritas, no me dices nada... me merezco lo peor.
-Necesito bajar a la calle, y buscar un sitio donde comer algo...
-Por supuesto- dijo L. Y me dejó pasar, pero una mezcla de sentimientos embargó mi cuerpo: amor, odio, decepción... y provocó que me mareara, así que me apoyé en la pared de las escaleras, me iba a desmayar.
L reaccionó rápido:
-M...-Volvió a decir, y me cogió en brazos justo en el momento en el que me desvanecí y todo se volvió negro...

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