... Tenia un dolor de cabeza horrible, no recordaba la noche anterior y no sabía dónde estaba T. ¿Que había pasado? Me pregunté.
Entonces levanté la cabeza y vi que T estaba en la cama, a mi lado dormido.
"Oh, oh" Pensé.
Me quedé mirando hacia T, que estaba despertándose, cuando se dio cuenta de que algo me pasaba. Entonces me preguntó:
-Buenos días. ¿Qué pasa M?
-¿Qué pasó anoche?- Pregunté.
T me miro y me dijo:
-Estas y estoy vestido. Estamos vestidos. Te traje a casa porque no podías caminar muy bien, bueno, no podíamos caminar muy bien, te metí en la cama. Y nos quedamos dormidos.
Vi en sus ojos que le había molestado un poco mi reacción.
-Pero tranquila, ya se que solo me quieres como un amigo ahora.
-Lo siento.-Dije.
Me levanté a por un cigarrillo, y volví a la cama a tumbarme, mientras un T medio enfadado me miraba fumando desde la ventana. Pero de repente le cambió la cara.
Se fijó en mi y sonrió.
-¿Qué pasa?- Pregunté.
-Nada, solo que tienes alguna que otra marca recorriendo tu cuello, que dice que estoy aquí y no pienso moverme de tu lado. Y sonriendo, le dio una calada al cigarrillo y rió mientras miraba por la ventana un precioso día de sol.
Yo fui corriendo al baño a mirarme en el espejo. Tenía la parte derecha del cuello repleta de pequeños cardenales que llevaban la firma de T.
Corrí hacia su cuarto y el seguía riendo. Así que cogí una almohada y se la lancé. Y así empezó todo...

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